ATENCIÓN: Los comentarios vertidos sobre cualquier entrada de este Blog, son propiedad de quien los envía, por lo que cada cual debe de hacerse responsable de su contenido y se pide que comente con respeto y educación. Gracias.

lunes, 20 de abril de 2026

"Silencio habitado", artículo de José Luis Masegosa para La Voz de Almería

Esta insultante primavera que disfrutamos invita a echarnos a la calle y vivir al albur de la intemperie. Sucumbido a la tentación, la sigo a pies juntillas en mi pueblo del Almanzora, uno de esos que el mapa apenas nombra pero que la vida ha ido soltando. En mi paseo vespertino, los ojos hablan de un olvido lento, casi piadoso, de casas y edificios, como si los muros quisieran protegerse de la ausencia. Primero se apagan los ruidos y el eco de los pasos. Después, llega el silencio, que no es vacío, sino una presencia que lo ocupa todo. Las casas siguen en pie como testigos obstinados. Persianas a medio caer, ventanas cerradas y puertas que ya no esperan. Parecen dormidas desde fuera; desde dentro siguen despiertas, pues una casa no se vacía cuando se va la última persona. Se queda llena de lo que ya no puede ocurrir. En las habitaciones, el aire conserva una atmósfera extraña, una memoria que no se disuelve. Quien regresa —si es que alguien regresa— encuentra un lugar que debería ser familiar, pero no lo es del todo porque la casa ha dejado de pertenecerle. Y en ese desencuentro hay una tristeza muda, una evidencia incómoda de que el tiempo no solo pasa: transforma el vínculo entre las casas y quienes las habitan. En mi pueblo, como en todos, cada casa tenía nombre propio aunque nunca se escribiera, y el abandono no es solo material. Es también emocional. Cada puerta cerrada es una historia que dejó de contarse en alta voz. Cada ventana empolvada es una mirada que ya no observa el paso de las estaciones y, sin embargo, nada desaparece del todo. En las paredes hay un rumor leve, apenas perceptible, donde conviven la risa y las lágrimas, el amor y el desencanto. Parece que las emociones no se hubieran ido con las personas, sino que quedaron suspendidas en el aíre, aguardando a nadie en particular. Las casas, entonces, siguen vivas. Viven en una especie de tiempo detenido, donde coexisten la infancia del patio, la juventud soñadora y la vejez que descansa en una silla al sol. Todo sucede a la vez, aunque ya nadie lo vea. En estos pueblos que se apagan, las casas no son ruinas. Son archivos emocionales. Lugares donde la vida se acumuló y ahora solo queda su eco, paciente, intacto. Tal vez algún día desaparezcan del todo, vencidas por el tiempo o el olvido definitivo. Pero mientras permanezcan en pie, seguirán guardando lo que fueron: refugios, escenarios, cómplices. Espacios que habita el silencio. PARA ACCEDER A ESTE CONTENIDO U OTROS SIMILARES SUSCRÍBASE A LA VOZ DE ALMERÍA, AQUÍ.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios vertidos sobre cualquier entrada de este Blog, son propiedad de quien los envía. Cada cual debe de hacerse responsable de su contenido. Por favor comente con respeto y educación, gracias.

PUBLICACIONES ANTERIORES ORDENADAS POR MES

OTROS BLOG´s INTERESANTES DE LA ZONA


S.A.T. ECO-Oria

Oretanos

DXT Oria

Micología en Oria

Almonds, Olives and Eagles

Copliquias juenas

Green Galley

OriaVerde

Plantar Árboles

C. D. Nueva Aventura de Oria