El 31 de julio de 1947 la virgen se apareció en Oria a la niña Ginesa Simón en el paraje de Los Cerricos, una circunstancia que fue recogida por el periódico local Yugo provocando que unas 4000 personas acudiesen al municipio de Oria para poder ver a la virgen. Se decía que Ginesa, que entonces tenía 14 años se encontró aquella mañana con una mujer afable que la saludó desde un montículo de rocas, cuando ella paseaba por la zona. Tras un segundo encuentro, en el que Ginesa sintió "una paz tranquilizadora", la niña aseguraba que volvió a ver a la Virgen y les transmitió a sus familiares que le había pedido que se pusiera un hábito como el que ella llevaba y que si lo hacia se aparecería en la fuente del pueblo a todos los vecinos el 10 de agosto de 1947. Llegó la fecha y mi les de vecinos se citaron en el lugar, aunque solamente Ginesa afirmó ver a la Virgen María a los pies de un almendro. Cuando despertó de su éxtasis afirmó que la Virgen se despedía, alejándose lentamente en dirección al Monasterio del Saliente, en Albox, situado a cinco kilómetros del lugar exacto de esa última aparición. Un mes más tarde todo se diluyó, cuando el obispo tomo cartas en el asunto.
Pero el caso sociológico más destacado y de movilización de masas se produjo en el municipio de Terque. La fecha se sitúa entre fina-les del año 1955 y principio de 1956. Se trataba de la supuesta aparición de la virgen en una cueva, un extraordinario suceso que provocó la movilización de miles de personas desplazadas desde la capital, pueblos de la cuenca del Andarax y otros puntos de España. El controvertido tema del fenómeno visionario se mantuvo invariablemente por espacio de unos tres años, hasta que el obispado de Almería ordenó cerrar la cueva zanjando el tema de las apariciones marianas. Existen todavía muchas personas devotas, que aseguran que la virgen hizo entonces numerosos milagros entre los que acudían con fe a rezarle. Según se cuenta, el origen de estas apariciones se produjo a raíz que unos desconocidos semanas antes violenta ron los accesos de la iglesia de Alhabia y saquearon el recinto religioso llevándose una imagen de la virgen del Rosario. Los autores no fueron nunca localizados y la imagen se halló bastantes años después.
Todo comenzó la tarde del domingo de Resurrección de 1955, cuando una maestra de Terque paseaba por el campo con un grupo de niñas y a la altura del paraje de "La Cañada" a unos 200 metros del pueblo, una de las pequeñas se detuvo y comenzó a gritar con pleno alboroto de que en la cueva estaba la virgen. Esto ocurría casi al atardecer y el sol ya empezaba a declinar por lo que la visibilidad era un tanto escasa por lo que la maestra, calmadas las niñas, ordenó el regreso al pueblo. Ante la insistencia de las pequeñas y como ya por el pueblo había trascendido el robo de la imagen de la virgen de Alhabia, la maestra decidió al día siguiente volver nuevamente a la cueva con el mismo grupo de niñas para comprobar si realmente los autores del robo habían dejado en la cueva escondida la imagen. Tras examinarse minuciosamente el interior de la cueva y sus aledaños se comprobó que allí no había nada, volviéndose para el pueblo. Curiosamente las primeras niñas que alboroza das manifestaron que habían visto a la virgen en el interior de la cueva, posteriormente dijeron que no la veían. Numerosos vecinos y familiares de las niñas comenzaron reunirse en torno a la cueva, empezando según ellos a surgir espontáneamente y de manera colectiva las supuestas apariciones.
El tema empezó a cobrar fuerza y de forma espontánea comenzaron a llegar hasta Terque vecinos de todos los municipios cercano. Durante esas fechas, todos los días a la salida del sol el paraje de "La Cañada" ama-necia poblado por centena-res de vecinos ansiosos de ver la virgen. Terque y sus apariciones marianas ya eran noticia en toda España.
En pleno apogeo un luctuoso suceso vino a empañar los acontecimientos marianos. Una de las diferentes videntes, una niña de unos catorce años que se había quedado embarazada, mató el hijo al que había dado a luz para ocultar su vergüenza. Para deshacerse del cuerpo lo arrojó por la taza del váter de su domicilio. Cuando se descubrió el tremendo suceso la noticia se propagó de boca en boca. Fueron unas semanas de cierta inquietud hasta que la Guardia Civil detuvo a la menor acusada de un delito de infanticidio. La joven, estuvo internada por espacio de varios años en el colegio de Las Adoratrices de Almería, hasta su mayoría de edad.
JOSÉ ÁNGEL PÉREZ para La Voz de Almería.



