NUEVA ENTRADA, Y ES LA QUINTA, EN EL BLOC DE NOTAS DE "VENTAS Y POSADAS DE ALMERÍA"
LUGAR : ORIA
Aportación: Juan Pedro Martínez Valverde.
EL POETA ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR EN ORIA
Juan Pedro Martínez Valverde, vecino de Oria, nos proporcionó a finales de agosto de 2025 información relevante sobre las ventas y posadas de Oria.
Sería por el calor de las fechas o por otro motivo, la información proporcionada por Juan Pedro se quedó convenientemente ordenada y guardada en el apartado FUENTES de este trabajo sobre “Ventas y Posadas de Almería”, debió ser el 28 de ese mes a las 17:39 que se creó esa carpeta….pero su contenido no fue explotado e incorporado al trabajo final. Nos hemos percatado de ello cuando hemos presentado este trabajo en Oria con motivo del Día del Libro, este 24 de abril de 2026.
La cuestión es que entre las aportaciones de Juan Pedro hay una parte bastante desconocida que procede de las memorias del poeta cuevano José María Martínez Álvarez de Sotomayor (además de otra más difundida, sobre las posadas del siglo XVIII procedente de publicaciones que si tratamos, aunque de forma breve, en nuestro libro).
En estas memorias se describen las relaciones del poeta con una joven de Oria, hija del juez de esa localidad, recientemente asesinado (estamos hacia 1902). Tras un carteo con la chica y tener la oportunidad de conocerla en Almería, con ocasión del juicio por la muerte del padre, el poeta visita Oria….y ahí viene entrecomillado lo que más nos interesa para nuestro trabajo:
“Salí de Cuevas una madrugada del mes de julio en un coche con tiro de mulas. Hasta la llegada a Albox caminábamos por una carretera que, aunque abandonada como por entonces era costumbre, al fin se andaba sobre un firme más o menos bacheado. Pero el camino de Albox hasta Oria era verdaderamente infernal; íbamos abriendo Camino por una rambla cuyo paisaje sí era pintoresco, hasta dejarla para tomar las pendientes de Oria hechas sobre piedra casi en escalones, pasando por desfiladeros que apenas cabía el carruaje y escalando peñas casi a saltos.
Llegué a Oria a cosa de la media tarde y se me aglomeraron alrededor del coche todos los chiquillos y mozalbetes del pueblo. (…).
Después de mi llegada a Oria y de mi entrevista con la novia, me recogí a casa del tío Pablo, que así se llamaba el dueño de la mansión que de antemano me preparó la chica por no haber en el pueblo ningún sitio donde poder albergarse humanamente.
Después de la cena y de un rato de charla con aquella simpática familia que me pareció la mejor de aquel pueblo, me entré a acostar al dormitorio que me arreglaron con una cama tan alta que me llegaba a medio pecho donde después de subirme a ella eché con el simpático tío Pablo la charla de dos buenos cigarros.
Como al marcharse notara que me dejaba la ventana abierta (era un segundo piso), con la luz encendida para leer, se volvió mi buen tío Pablo y me dijo: “Don José, si va usted a seguir con la luz encendida, cierre la ventana porque aquí los mozos que echan la noche de ronda, ¡cosas de la juventud!, se entretienen en apagar las luces a tiros”.
Ante aquella distracción tan peligrosa para mí, apagué la luz porque era preferible dejar la lectura a sufrir el calor que hacía aquella noche con la ventana cerrada.
Yo salía siempre de hablar con la novia a la hora del crepúsculo. Pero una tarde por no recuerdo qué incidente, se me hizo de noche y al salir a la calle no veía manera de echar a andar porque en todo el pueblo no había ni una sola luz de alumbrado público, también por cosas de la juventud. Al fin me decidí a marchar a tientas cuando oí detrás de mí un tropel de mozos que daban al andar fuertes porrazos en el suelo con garrotes.
Poco trayecto anduve cuando oí la voz de un bruto de aquellos que dijo en forma consultiva a la vez que airada: ¿Vamos a pegarle a ese señorito unos cuantos garrotazos? Esta proposición parece que fue aceptada con júbilo.
Yo aligeré decentemente mi paso ya que a los novios cae tan mal la huida; pero oí la voz saludadora de un hijo del tío Pablo —al parecer personaje destacado de aquella jarca—que dijo: —«Ese está en mi casa y el que ofenda a él, me ofende a mí», Tan consoladoras palabras hicieron disminuir los golpes de los garrotes sobre el suelo, y produjo en mis pulmones el efecto de una gran ventana abierta a aires puros.
Y tomé como medida preventiva recogerme a casa a los últimos resplandores del sol los breves días que siguieron de permanencia en tan hospitalario pueblo”.
Pgs. 165 y 166 de “Mis Memorias”. José María Martínez Álvarez de Sotomayor /Pedro Perales Larios. Ed. Arráez. 2019.



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