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jueves, 4 de junio de 2020

Entrevista a Pedro Jesús Sánchez, Ingeniero Ambiental

Hoy entrevistamos a Pedro Jesús Sánchez, ingeniero ambiental con una amplia experiencia en la gestión de recursos naturales, que decidió estudiar en nuestro centro, en modalidad online, el Curso de Depuración de Aguas Residuales.

En primer lugar Pedro nos gustaría saber, ¿qué te llevó a dedicarte a la gestión de recursos naturales?

Pues fue bastante vocacional y, en parte, gracias al empuje de un profesor de secundaria. Crecí en una zona rural de Almería, en continuo contacto con el campo y el monte. Y desde muy pequeño me pareció muy evidente, casi lógica, la idea de aprender sobre los recursos naturales que nos rodean para utilizarlos de un modo que permita y mejore nuestra existencia, sin mermar su potencial ni mucho menos agotarlo.

Don Juan Antonio, mi primer profesor de Ciencias en secundaria, me dijo un día que el campo de la ingeniería ambiental se alineaba como mis valores. Tan pronto como llegue a casa busque qué significaba eso y tome mi decisión, con 14 años. Tal es la importancia de los maestros y profesores que nos marcan.

Sabemos que te has especializado en el sector de la bioenergía, en concreto en la tecnología del biogás, ¿nos puedes contar en qué consiste esta tecnología?

El biogás se produce cuando un sustrato orgánico es descompuesto en ausencia de oxígeno por varios grupos de bacterias que al final del proceso emiten este gas combustible rico en metano, en lo que se conoce como digestión anaerobia. Este gas es un vector energético a partir del cual se puede generar electricidad, calor o puede emplearse como combustible para vehículos.

Es un proceso que se da de forma natural en la corteza de la tierra, en el fondo de masas de agua, en vertederos… La tecnificación de este proceso consiste en realizarlo de forma controlada, con unos parámetros óptimos de manera que se alcance ese objetivo de una forma mucho más eficiente.

Uno de los atractivos de esta tecnología es que el rango de substratos orgánicos utilizados es muy diverso, pudiendo emplear cultivos dedicados para ello, pero también residuos orgánicos diversos (agropecuarios, de industria alimentaria, fangos de aguas residuales, la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos, etc.), estabilizándolos en el proceso (reduciendo patógenos, olores, etc.) y obteniendo, además, un producto que puede ser usado como fertilizante.

En tu opinión, ¿qué papel deben jugar en el futuro de la bioenergía las depuradoras y otras centrales de gestión de residuos?

Pienso que todo centro de gestión de residuos, incluyendo las depuradoras, deben evolucionar en su concepto. Me refiero con esto a ir un paso más allá de minimizar los riesgos ambientales y sanitarios de los residuos, y sumar a sus objetivos el procesar materiales que ya no son meramente desechos, sino materias primas de interés para otros procesos más adelante en la cadena. Se trata de ayudar a cerrar el círculo de la tan biensonante economía circular, repensando cómo se puede obtener más eficiencia energética y material de esos productos.

En algunas depuradoras es relativamente frecuente recuperar nutrientes como nitrógeno o fósforo. Pero es algo minoritario en España y en Europa, por ejemplo, donde las pautas a la hora de construir y operar depuradoras vienen aun fundamentalmente definidas por una directiva comunitaria que data del año 2000 y que, si bien fue seminal en la mejora del tratamiento de las aguas residuales vertidas, se antoja hoy día modesta, casi insuficiente, dados los avances vistos en estos últimos 20 años. Por cierto, ¡eso lo aprendí en este curso!

Así, en países pequeños, donde los residuos y la dependencia energética y de recursos pueden acarrear graves problemas, hay más interés por estos temas. Recientemente por ejemplo he estado en contacto con un proyecto en Taiwan, donde se está construyendo un parque de reciclaje que gestionará todos los residuos industriales y domésticos generadores en una ciudad de 2 millones de habitantes, convirtiéndolos en diversas líneas de materiales reciclados, con cero residuos finales, cero emisiones netas y produciendo energía eléctrica equivalente al consumo de 60.000 hogares.

El sector privado también muestra inquietud por esta clara oportunidad: aquí en España, por ejemplo, la empresa malagueña de limpieza Arjimsa, que se ocupa de establecimientos turísticos, oficinas, colegios, etc., está desarrollando nuevos modelos que conviertan el tradicional retirado pasivo de basura en una recolección activa de materiales útiles, gestionándolos y recirculándolos por canales de revalorización atractivos.

Sería bueno ver que estas iniciativas ganan peso y que los centros de gestión de residuos, habitualmente operados por empresas públicas o bajo concesiones públicas, se animen a repensar su función en la cadena de proceso de materiales y a tomar el rol de catalizadores de sostenibilidad del que serían capaces.

¿Qué lugar ocupa la bioenergía en el sector de las energías renovables?

Su importancia a nivel mundial es muy variable dependiendo de las distintas tecnologías y materias primas usadas. El empleo de materiales leñosos como leña o pellets para generar calor es muy importante, alcanzando en España más del 90% de la generación de calor renovable en 2018, según la Asociación de Empresas de Energía Renovable (APPA), y casi el 70% de la energía primaria de origen renovable en el mundo, según la asociación World Bioenergy.

Si hablamos del lugar de la bioenergía en el consumo global de energía, los números son mucho más modestos: solo un 3% del transporte a nivel mundial se movía con biocombustibles en 2018, según la Agencia Internacional de la Energía, y del total de energía consumida en la Unión Europea en 2016, solo un 7,5% provenía de la bioenergía, según la institución Chatham House. En España, el aporte es tan marginal que tiende a ser agrupada con otras tecnologías en el apartado “otras fuentes de energía renovable”. Este grupo aportó un 1,6% de la demanda eléctrica nacional en España en 2018, según la APPA.

Estos números, sin embargo, no deben ser desalentadores. Personalmente, no creo que el rol de la bioenergía en una futura sociedad que se nutra fundamentalmente de energías renovables sea el de ser una fuente de energía mayoritaria, con la excepción de la generación de calor. Pero para otros usos, la bioenergía debe tener desde mi punto de vista un rol pequeño en los números, pero enorme en su potencial para crear un sistema energético más eficiente, más inteligente, y más equitativo.

Creo que no terminamos de ser conscientes de la enorme cantidad de energía limpia que podemos obtener de forma sostenida de recursos como el sol, el agua o el viento. Ya en 2013, justo antes de la vergonzosa jugada contra las renovables de las élites políticas y económicas de nuestro país, la eólica fue la principal fuente de electricidad en España, según la APPA.

Sin embargo, estas energías renovables mayoritarias (hidráulica, solar y eólica) presentan dos grandes problemas estructurales: primero, se generan de forma “pasiva”, cuando hay disponibilidad suficiente de viento, sol y agua. Así, sequias, épocas menos ventosas o de menos radiación solar pueden provocar déficits. Segundo, a menudo, la generación y la demanda están disociadas: se genera mayor cantidad de energía solar en las horas centrales del día mientras que las demandas energéticas mayores se dan a primera hora de la mañana y última hora de la tarde, y el almacenamiento es, a día de hoy, caro, limitado y con un elevado impacto ambiental. Como dato curioso, un soleado Domingo 10 de mayo de 2016, Alemania tuvo que pagar por “quitarse de en medio” energía eléctrica que tenía en exceso para no sobrecargar su red.

La bioenergía puede por tanto tener la capacidad de cubrir esos vacíos estructurales, a aportando entre otras cosas:

Una gran flexibilidad: puesto que la bioenergía puede ser “plantada”, a partir de cultivos madereros y energéticos que se pueden gestionar de una forma sostenible y, además, puede ser almacenada en varias formas (sólida, como pellets, como biogás, o líquida, como biodiesel o gas licuado), y ser usada cuando lo requiera la demanda. Esto ayuda a solucionar algunos de los problemas clave que presentan las energías renovables en la actualidad.

Deslocalización: tanto en el caso de cultivos de biomasa como de generación de gas, esta se puede hacer tanto en grandes plantas como en pequeñas instalaciones (granjas, explotaciones agrícolas, pequeñas fábricas, municipios), dando la posibilidad de que la riqueza económica y energética quede más distribuida regionalmente, ganando así heterogeneidad y resiliencia, por tanto, fortaleza frente a grandes shocks globales (¿suena esto de algo? ¿Sabemos que en España cerca del 75% de la energía que consumimos depende de otros países?)

Posibilidad de uso de numerosos sustratos: residuos urbanos, de industrias alimentarias, de granjas, restos de cosechas, descartes de supermercados… Se puede así introducir otra sección en la rueda de la economía circular, extrayendo energía de materias ya no aptas para nuestro consumo y restituyendo nutrientes a la tierra. Se estima que solo con residuos agrícolas se podría generar hasta el 14% del total de la energía demandada en el mundo, según World Bioenergy.

Finalmente, esa eterna lucha: los beneficios ambientales, como la evitación de emisiones de gases efecto invernadero, gracias a la sustitución de combustibles fósiles, a la fijación de CO2 que realizan los cultivos, y al empleo de sustratos como las deyecciones de vaca, ricos en metano, con un potencial de calentamiento global unas 86 veces mayor al CO2. O los que se obtienen al estar potenciando ese tan alabado desarrollo sostenible, dada la posibilidad de gestionar los orígenes de esa biomasa, enriqueciendo los ecosistemas agroforestales en lugar de agotándolos, aprovechando las materias por multitud de vías y cerrando el ciclo con fertilizante para el esforzado suelo. En el caso de empleo de residuos, además, al tratarlos por medio de procesos naturales se reducen los riesgos para la salud humana y de los ecosistemas.

Tienes una dilatada trayectoria profesional, de todos los proyectos que has llevado a cabo ¿cuáles destacarías?

Es difícil destacar algunos en particular, pero por mencionar algo me parece particularmente interesante el trabajo durante estos últimos años y que continúa actualmente en la zona de los Balcanes, especialmente en Serbia. Allí he estado involucrado en varios tipos de proyectos: desde depuradoras de aguas, plantas de biogás a base de residuos agrícolas y, desde luego, el vertedero de Vinča, que era el mayor vertedero sin gestionar de Europa, y donde actualmente se está construyendo un sistema de tratamiento y disposición de residuos, incluyendo enorme planta de aprovechamiento energético. Poder viajar allí con frecuencia y ver como este país está reconstruyendo su infraestructura energética y de saneamiento es muy reconfortante.

¿Qué te llevó a iniciar el Curso de Depuración de Aguas Residuales?

En muchas depuradoras de aguas residuales (a partir de cierto tamaño) se aprovechan energéticamente los fangos resultantes, y muchos de mis clientes son de este sector. Yo me he especializado mucho en la parte energética, pero echaba de menos una visión holística a la planta, desde su planeamiento hasta su operación.

¿Qué te ha aportado este estudio a tu carrera profesional?

Los conocimientos que he obtenido me permiten conversar con mis clientes, típicamente diseñadores, constructores y/u operadores de depuradoras, con un nivel de comprensión mutua superior. Ellos notan que yo entiendo y visualizo los problemas a los que se enfrentan, conozco los procesos que los enmarcan y por tanto puedo ofrecerles soluciones de forma mucha más eficiente.

¿Por qué elegiste SEAS para formarte?

Una de las claves fue el que el Curso de Depuración de Aguas Residuales recibiera recientemente el premio iAgua al mejor curso de formación en aguas. iAgua es una prestigiosa publicación que había seguido desde hace algunos años y eso fue sin duda decisivo. Además, me resultó muy atractivo que el curso estuviera respaldado por la Universidad San Jorge y, ya más a lo práctico, me pareció que los plazos y el aprendizaje eran flexibles, muy adecuados para alguien que trabaja paralelamente.

¿Cómo ha sido la experiencia de realizar este estudio en modalidad online?

Se trata del curso online de mayor envergadura que he realizado hasta la fecha y estoy bastante contento. Me parece muy equilibrado entre libertad y autoaprendizaje, y un camino con hitos y entregas obligatorias. Por ejemplo, me pareció positivo que el curso tenía unos tiempos lo suficientemente amplios para poder cuadrar horas de estudio en una vida ya de por si bastante ocupada y , a su vez, herramientas como la planificación del calendario que te marcaban un ritmo sugerido y te espoleaban a no quedarte muy atrás.

¿Qué destacarías del estudio?

La tutora, sin duda. Hay muchas cosas destacables pero la labor de la tutora, Elisa, realizando seguimientos y reprogramaciones del estudio en momentos clave, fue fundamental. Por ejemplo, advirtiendo que llevaba algún tiempo sin avanzar o previendo el impacto de periodos vacacionales como verano o navidad.

¿Cómo valoras que el equipo docente esté formado por profesionales del sector en activo?

Fue una de las primeras cosas que hice, buscar en Linkedin a los miembros del equipo docente. Me parece imprescindible. Es hora de cerrar el hueco eterno entre academia e industria.

Háblanos de tus próximos proyectos.

Actualmente y de cara a un futuro cercano estoy trabajando en un par de cosas en España en las que tengo puestas bastantes esperanzas.

Por un lado, estoy colaborando como asesor con la empresa Prinsect, que está construyendo un sistema de cría de insectos que se alimentan con varias líneas de residuos orgánicos, y que se emplean como aceleradores de procesos de compostaje, o como parte de la dieta de algunos animales, entre otros usos.

Además, estoy ultimando junto a una copartícipe especializada en gestión del territorio el lanzamiento de Repporta, una consultoría en materia de territorio, sostenibilidad y bioenergía, que pretende dinamizar proyectos de este tipo, que aúnen todas las componentes que permiten a un territorio desarrollarse en comunión con el medio que lo rodea.

Pedro, un placer hablar contigo, muchas gracias y mucho éxito en tu carrera.

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