Si en estos días desnudamos el calendario, descubriremos que todas las hojas no son iguales, que cada mes tiene un olor y un sabor diferente, que cada página suena con una música distinta y que no todas llegan de la misma manera. Porque agosto no llega solo. Lleva consigo una maleta invisible de rostros, voces, canciones y sitios que creíamos olvidados. Y es que hay meses que pasan y agosto, en cambio, regresa. Tal vez por eso este mes nos demuestre que tiene memoria. Porque en algún recoveco secreto de nuestra conciencia conserva intactos los veranos que dejamos atrás. Sin saber por qué, de repente, uno vuelve a ser niño. Y nos encontramos con la bici y la pelota, y la calle en la que alguien reclamaba nuestra presencia para la merienda. Cambia agosto de rostro y aparece la adolescencia. La pandilla de entonces, las canciones que sonaban sin cesar en los improvisados bailes -antes de que alumbraran las discotecas- y que ahora, décadas después, tienen el poder de devolvernos a aquella noche, porque la memoria es selectiva: puede olvidar un nombre, una calle, pero conserva con precisión cruenta la canción que sonaba cuando alguien nos miró por primera vez de forma diferente. Y entonces asoma el primer amor. Quizá fue en un parque, en un rincón emblemático, en una verbena. Tal vez duró un verano o dos, o años, pero hay amores que no necesitan durar para quedarse. El primero siempre guarda aquella sensación de miedo, ingenuidad y felicidad con la que descubrimos que el corazón también se permitía tener sus propias estaciones. Han pasado muchos años, pero basta regresar al mismo lugar, escuchar aquella melodía y el tiempo, de repente, se vuelve transparente. Durante unos instantes desaparecen las arrugas, las pérdidas y todas las heridas de la vida. Uno vuelve a ser
quien era.
También están los reencuentros que agosto propicia y la recuperación de las conversaciones interrumpidas: Se habla de los que ya no están, de las casas que cambiaron y de los detalles de algún verano memorable. Quizá sea esa una de las razones por las que seguimos regresando. No volvemos a un pueblo o a una playa. Volvemos a nosotros mismos. A quienes fuimos allí. Porque hay lugares que son auténticos archivos de la memoria. Agosto lo sabe. Y quizá por eso, cuando cada agosto regresamos a cualquier lugar donde la vida alguna vez nos hizo felices, no somos exactamente nosotros quienes llegamos. Es el pasado quien sale a recibirnos..
PARA ACCEDER A ESTE CONTENIDO U OTROS SIMILARES SUSCRÍBASE A LA VOZ DE ALMERÍA, AQUÍ.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios vertidos sobre cualquier entrada de este Blog, son propiedad de quien los envía. Cada cual debe de hacerse responsable de su contenido. Por favor comente con respeto y educación, gracias.